En este 2012 de elecciones para la presidencia de México, el debate presidencial era un evento muy esperado por muchas personas. Gracias a las redes sociales, como Facebook y Twitter, la campaña por conscientizar a la población para que sintonizará el debate, sea en televisión o internet, no tuvo comparativos previos. Habrá nuevos medios de llegar a la población mexicana, pero muchas prácticas antigüas aún siguen a nivel de ejecución durante el debate. Este escrito, en pleno uso del objetivismo, señalará algunas de las particularidades notadas durante el debate presidencial del 6 de mayo del 2012.
No podemos entrar en los particulares del debate sin antes aclarar lo que un debate representa. De acuerdo a Wikipedia
| Un debate (Del lat. debattuĕre; discutir, disputar sobre algo) es una técnica, tradicionalmente de comunicación oral, que consiste en la discusión de opiniones antagónicas sobre un tema o problema. |
En este punto agregaría que es una técnica formal de comunicación oral puesto que existe una estructura en cómo sucede el planteamiento y desarrollo de los temas así como toda la preparación previa de los participantes. Esclarecida la definición de debate, entremos en los particulares.
En primer instancia hay que señalar la participación, aunque breve, de la edecan al inicio del debate. Su labor era sencilla al hacer accesible la urna de la cual los candidatos tomarían un papel con una letra del alfabeto, eligiendo de esta manera su turno. Más preciso, la particularidad no era la labor de la edecan sino el atuendo que portaba. Recordemos que el evento es un debate entre candidatos a la presidencia de la república. La misma naturaleza de atar los significados de estas palabras hace emanar una atmósfera de seriedad.
La edecan usaba un vestido largo, blanco y entallado que también se caracterizaba por el amplio escote al frente de éste. Considerando el evento y el propósito de éste, la elección de atuendo de la edecan rompe por completo el esquema serio y solemne esperado por todos los que puntualmente eran testigos de la transmisión. Sin duda que llega a ser una particularidad notoria, hablando en tono despectivo, ya que como parte de la bienvenida a los presentes y público mexicano, el contraste visual de la edecan quitó la atención de lo que es verdaderamente importante, siendo ésto la presencia de los candidatos y los ideas que contrastarían. Esta manera de iniciar, por desgracia, le otorga un sentido caricaturezco al evento, tal como el visto en los programas matutinos de espectáculo y telenovelas de la televisión mexicana, en donde no falta el personaje colorido, excéntrico y de mal gusto para el buen pensamiento.
Quien tuvo el primer turno fue Enrique Peña Nieto (EPN), candidato por parte del PRI. En general, su desempeño fue bueno debido a su preocupación por mantenerse en tema a lo largo del debate. Sin embargo, le causaba gran consternación el que la candidata del PAN y el candidato del PRD le estuvieran atacando al ellos argumentar las deficiencias que EPN mostró durante sus cargos públicos.
Una de sus particularidades fue que respondía a los alegatos de los demás candidatos con sus propios alegatos. Mientras que sus contrincantes afirmaban hablar y estar del lado de la verdad al exponer las deficiencias de EPN, éste mismo respondía diciendo solamente que ellos, o sus asesores, no tenían la información correcta y él sí por lo que ésto, a su parecer, lo ubicaba del lado de la verdad. A fin de cuentas eran meros juegos de palabras que no llevaban a ningún lado, y mientras que uno de los principios de un debate es no llegar a sólidas conclusiones, sí perdían mucho tiempo en discutir quien, según ellos, predicaba con la verdad. Otra particularidad de EPN fue que tenía una conscientización elevada sobre la falta de tiempo en sus participaciones. En repetidas ocasiones afirmaba el poco tiempo que tenía para responder a las acusaciones en su contra al igual que exponer sus propuestas. Mientras esto puede ser cierto, denota un sentido de preocupación elevada por lo que los demás puedan pensar o decir de él. Ésto quizás sea debido a todas las imágenes y mensajes que han circulado en las redes sociales en donde lo exponen como un conocedor de pocas cosas. Curioso fueron esos momentos justo antes de concluir la transmisión del debate en los que EPN hace aquello de lo que tanto se estuvo quejando durante sus participaciones, y fue revisar el reloj en la muñeca de su mano derecha.
El siguiente turno fue para Andrés Manuel López Obrador (AMLO), candidato del PRD y de izquierda. Parte de su campaña presidencial ha sido ondear la bandera de su experiencia de 30+ años en puestos públicos incluida su jefatura de gobierno en el Distrito Federal. AMLO no es ningún extraño a los micrófonos y eventos púbicos y, mientras que de manera habitual habla pausadamente, en público, ante millones, es fluido y elocuente.
Su primer particularidad fue su sentido erroneo del quéhacer durante el debate. Al iniciar, afirma que su labor será informar al pueblo mexicano, hecho que curiosamente atañe a la naturaleza del debate mismo, por lo que su comentario pudiera ser considerado como redundante. De igual manera, lo hace con intenciones que desvían de sus verdaderas propuestas. Su concepto de "informar" en realidad era atacar y buscar desacreditar a EPN señalando que no era un buen candidato por todas las fallas que ha tenido durante sus cargos públicos y las amistades de dudosa honestidad que ha mantenido, siendo Carlos Salinas de Gortari uno de éstos. Incluso, sin que nos dieramos cuenta, desde el inicio mostraba señas de sus intenciones por exponer a EPN, pues al mostrar la hoja con la letra "B", su turno en el debate, su mirada estaba fija en EPN quien se encontraba a su extrema derecha.
Más de la mitad de las participaciones de AMLO fueron dedicadas a señalar las faltas de EPN y, por supuesto, pasaba por alto los temas que estaban en la mesa de debate, incluso las preguntas directas que le tocaban en su turno. Es posible que lo expuesto por AMLO en contra de EPN durante el debate sea una manera de venganza por el fraude electoral del 2006 que le costó a AMLO la presidencia de la república en aquél momento.
El tercer turno fue para Josefina Vázquez Mota (JVM), candidata del PAN. En muchas maneras JVM era la novata en el podium y existía una gran presión sobre sus hombros para hacer un buen papel durante el debate al exponer sus propuestas y dejar una buena impresión. En la medida que pudo buscó llevar a cabo su cometido y hasta se daba el lujo de arrojar represalias en contra de EPN. Su papel no fue estelar pero, dentro de lo que cabe, es muy probable que haya cumplido con su meta personal.La primer particularidad de JVM fue se nerviosismo e inseguridad mostrados desde el inicio de la transmisión. El claro ejemplo sucedió al mostrar su tarjeta de turno hacia la cámara. Es breve el momento pero, con detenimiento, se alcanza a observar su inseguridad por sostener una hoja cualquiera a la cámara, a tal grado que entre labios enuncia la pregunta "¿Así?". No es de sorprenderse que cualquier persona sienta nerviosismo al participar en eventos de este calibre, aunque vale notar que quienes no saben sortear el descontrol del momento, difícilmente podrán salirse de la agenda y lograr una presencia versatil. La segunda particularidad de la primer candidata a la presidencia fue su vestimenta y lo que proyectaba mediante ésta. El punto central de su campaña ha sido el calificativo "diferente" visible en cuanto cartel, volante y anuncio portador de su nombre. Por el contrario, en el debate se mostró "igual". Su vestimenta emulaba la de sus adversarios políticos: saco de color oscuro y camisa blanca. De momento, y de manera visual, se mimetiza entre sus oponentes. La particularidad principal de JVM fue a leguas su rigidez y renuencia a lograr una soltura verbal y corporal. Su cuadro de acción, o soltura corporal, fue uno muy limitado que más o menos podía ser reducido al espacio entre los dos micrófonos que tenía al frente. Además, en repetidas ocasiones, y cuando buscaba enfatizar un punto, cerraba los ojos y extendía la mano derecha mostrando parte de la palma de su mano, haciendo así el gesto de acariciar, mostrar o alimentar. Mediante éste actuar proyectaba una negación por soltar las estructuras y pilares básicos que sostenían su preparación. El salirse del libreto no era una alternativa para ella.
Gabriel Quadrí de la Torre (GQT), candidato de Nueva Alianza, obtuvo la cuarta posición en los turnos del debate. GQT es el candidato que capta solamente el 2% de las proyecciones de los votos y, considerando el principio básico de la estructura de un debate, también el que mejor desempeño tuvo durante el evento. GQT habló de manera precisa, fluida y elocuente sobre los temas que había en la mesa de debate, ilustró situaciones, planteó problemas y ofreció soluciones de acuerdo a su postura política.La particularidad de GQT no reside sobre su discurso o comunicación corporal, ya que estuvieron acertadas en todo momento. GQT fue completamente ignorado por los otros tres candidatos de los partidos políticos mayoritarios, quienes arremetieron golpes bajos entre ellos. En varios ocasiones GQT nombraba a uno u otro candidato opositor en un intento por arrojar un golpe para captar la atención de éste, pero cualquier intento fue en vano. En algunos momentos daba la impresión de ser el infante que aleta desesperadamente los brazos ante la plática de adultos para captar su atención y una y otra vez es ordenado dedicarse a sus asuntos de niños.
El debate llegó y se fue y, ante la actual modernidad y despertar de la consciencia mexicana, no dejó muchas cosas positivas de las cuales hablar. Fue un evento con participantes que iban bien enfocados en lo que buscaban lograr, aunque lamentablemente éstas metas no se alineaban con las del deseo del pueblo mexicano por conocer de manera plena a sus candidatos presidenciales. Lo que sí se conoce de ellos es la ferocidad, e incluso indiferencia, que existe entre ellos. Mientras que es algo que puede ser positivo, la ejecución de dicha ferocidad no fue la mejor.
Los mexicanos nos quedamos con la ceja levantada, con la cara de sorpresa, con el sentimiento turbio, con el sabor de boca agridulce, con la apatía en una mano y la frente de la cara en la otra, incluso nos quedamos con ciertas inclinaciónes lujuriosas, pero algo que no se queda con nosotros es el conocimiento, a ciencia cierta, de cuatro ideologías políticas que quieren ser nuestros representantes.










